Decisiones arriesgadas…
Cuenta un viejo relato talmúdico que en un pequeño pueblo se encontraba desde hacía décadas un prostíbulo en el que trabajaba un humilde joven que había heredado como hiciera su padre el oficio peor visto y peor pagado de la comarca, ser portero del prostíbulo. Este joven analfabeto había aprendido de su padre y al morir éste ocupó el lugar de su padre en la portería.
Un día el prostíbulo cambió de dueño, el nuevo propietario movido por la intención de aumentar el negocio estableció unas nuevas normas de trabajo. Entre ellas que el portero del prostíbulo contabilizase los clientes que entraban en el y recogiese todas aquellas sugerencias que los clientes le indicaran.
El joven advirtió al dueño que era analfabeto y que no podía cumplir sus nuevas responsabilidades. El dueño, sientiéndolo mucho, le comentó que no podía pagar a dos personas para este trabajo y que tenía que despedirle.
El joven desolado y sumido en una profunda tristeza, empezó a pensar en como podría ganarse la vida a partir de ese momento. Recordó que en su tiempo libre hacía arreglos a vecinos y que esto le proporcionaba algunos pequeños ingresos. Con esa idea en la cabeza decidió comprar con parte de la indemnización que el dueño del prostíbulo le había dado, herramientas para poder hacer trabajos cuando se lo requiriesen.
La ferretería más cercana se encontraba a tres días de camino del pueblo en el que él vivía…como no tenía prisa alguna emprendió viaje.
A la vuelta de sus compras ya en su casa, una mañana un vecino le rogó le dejase un martillo para unos arreglos en su hogar, el joven comentándole que acababa de comprar uno se lo prestó por unas horas. Ese mismo día este vecino al ver que no había acabado sus arreglos y que seguía necesitando el martillo, le preguntó al joven si le vendería esta herramienta. El joven le comentó que había tenido que ir lejos a comprar el martillo y que le costaría 3 días de ida y tres de vuelta comprar uno nuevo. El vecino le dijo que le pagaría esos días de viaje además de la herramienta ya que el no tenía tiempo de ir a comprarla tan lejos.
El joven aceptó.
En este nuevo viaje el joven compró muchas más herramientas, gastando prácticamente todo el dinero que tenía, pensando que quizá su vecino no fuera el único que necesitase de herramientas en el pueblo.
Poco a poco se fue corriendo la voz de que este joven vendía herramientas y poco a poco los vecinos fueron acudiendo a él cuando las requerían ahorrándose un largo viaje.
Al tiempo el joven decidió arriesgarse y alquilar un pequeño local en el que vender todo tipo de herramientas, la ferretería en la que compraba todo el material al comprobar lo buen cliente que era le enviaba los pedidos sin necesidad de que tuviera que desplazarse a buscarlos.
Amplió la tienda, aumentó la cantidad de productos, puso un escaparate y se convirtió en la primera ferretería del pueblo. Todos los vecinos de los pueblos cercanos se acercaban a comprar a esta ferretería el material que necesitasen. Se dió cuenta que su amigo el tornero podía fabricar para él las cabezas de los martillos, los tornillos…
Pasado el tiempo y diferentes etapas que no relataré para no alargar la historia, el joven se convirtió en una de las mayores riquezas de la región.
Sintiéndose en deuda con sus vecinos decidió donar una importante suma de dinero para que se construyese una nueva escuela en el pueblo.
El día de la inauguración de ésta, al joven se le entregó por parte del alcalde las llaves del pueblo y se le pidió que firmara en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.
El joven aseguró que sería un honor hacerlo, pero que era analfabeto y no sabía escribir su nombre.
El alcalde conmovido por la revelación le preguntó al joven: " ¿¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir??…Estoy asombrado…me pregunto que sería usted de haber sabido leer y escribir.
A lo que el joven constestó: Yo se lo diré…""Sería el portero del prostíbulo""
Esta entrañable historia demuestras que muchas veces en la vida necesitamos sentirnos acorralados para dar lo mejor de nosotros mismos y que las mejores decisiones probablemente se toman en situaciones comprometidas.
Ya que de otra forma…nunca nos atreveríamos a tomarlas.


Lo mejor del cuento es el comentario final. La decisión mas importante de mi vida la tomé cuando ya penaba que nada podía ir a peor. Hay que ir a por aquello de deseas, sin miedo, y eso es más fácil hacerlo cuando crees que ya no puedes perder nada más.
Comment by Miel — January 7, 2007 @ 8:20 am
Esa es la idea intrínseca del cuento y en mayor o menor medida todos hemos estado contra las cuerdas y hemos salido con una decisión brillante.
Comment by Víctor — January 8, 2007 @ 7:51 am