A portazos…
Y después de tanto tiempo y de tantas cosas, un día abres los ojos y ves redimidos tus pecados. Alzas la vista y ves claro y como en una película de Tarantino desaparece esa pistola maldita enpeñada en encararse con tu sien, que no es sino tu conciencia…
Última página de reproches, borrada a fuerza de cabezazos contra la pared. A empujones caminando sin norte en dirección a ningún sitio, a paso lento recorriendo medio mundo en tardes de pereza y noches de tristeza. A medio pulmón persiguiéndote por las esquinas. A escasos centímetros de perder la serenidad. Después de tu literal portazo ya no me quedan ganas de mirar, ni atrás ni adelante.
Joder, y yo pensando que seguía creciendo…

