A quien corresponda…
Decidido como tantas otras veces a tomar nota, no pasar página y aprender de mis silencios, recuerdo aquellas palabras que salían de mi boca y conforme iban saliendo me iban condenando a por lo menos ya un año de dura condena. A trabajos forzados conmigo mismo. Como los Aymara encantaban con sus palabras a los no merecedores de sus secretos, sumido en una maldición que no me quito de encima ni con mano izquierda y jabón, ni a ostias. Perdido entre la frustración, el ego y mi falta de tacto, hacía tiempo que no cometía tanto errores juntos en tan poco tiempo como aquella tarde. Y lo peor de todo es que fui consciente del traspié mental desde la primera hasta la última palabra.
Se que jamás te volveré a ver y aunque así fuera no te reconocería, pero ni te imaginas las veces que me he arrepentido de esos 5 minutos de propaganda barata de estado de ánimo y sobredimensionada autoestima. Hoy mi discurso sería tan distinto que, sin duda, a quien corresponda, lección aprendida. Nunca más.

