La vida de vez en cuando te depara situaciones a las que no estás preparado. Situaciones de esas de las que tu madre nunca te ha hablado, aquellas que tras 25 años de estudios nadie ha hecho referencia.
Sábado 18:45 pm. MANGO de Paseo Independencia, hasta la bandera. Con esa cara que se nos queda a los tíos cuando acompañamos a una mujer de compras. Pasados los 30 minutos de motivación inicial, me dejaba llevar reptando por esos suelos de porcelanato. Después de limpiar de correos anticuados la Blackberry, hablar con todos mis amigos por teléfono, suicidarme un par de veces entre los estantes de ropas de dudosos colores, me hacen desplazarme a los probadores convirtiéndome en la primera estatua-percha-humana.
Algo así como 15 probadores delante mío y un ir y venir de ropas de la mano de chicas deseosas de adoptar nuevas telas. Cuando por fin retiran de mis ojos la camiseta número 15 y vuelvo a tener campo visual…Banggggggggggggggggg!!!. Por favor que es esto!!!!. A mi derecha ignorando al hombre-percha (que hacía ya minutos que se sentía como Pulgarcito) una quinceañera se probaba un minúsculo bikini con las puertas entre-abiertas, a mi izquierda una mujer que ya no cumplía los 40 se peleaba con el sujetador y un jersey como de rejilla dejándome ver mucho más de lo que políticamente debería ver. Asustado y avergonzado vuelvo la vista atrás, buscando paz y seguridad, pero me encuentro con la que supongo es la mama de la quinceañera con bikini 2 tallas más pequeño de lo que debería, mirándome de frente, dejando visto para sentencia el juicio rápido al voyeur-treinteañero salido que se ocultaba bajo kilos de telas. Viendo mi ejecución inminente en la plaza del pueblo decido salir huyendo cual Carl Lewis en sus mejores tiempos, envuelto en telas de distintos colores. Y cuando ya me veía salvado, un enjambre de mujeres vestidas de negro con pinganillos en la oreja me interceptan, unas por las rodillas, otras por el cuello y una última metiéndome un dedo en el ojo…
Fui fusilado a las 19.40 por unas 80 miradas de mujeres y sus respectivas parejas, por las risillas de sus benditos niños carne de Super nany, por detectores de prendas robadas que seguro me dejaron esteril para los próximos 15 años…
Y cuando ya no podía enterrarme más en el jodido porcelanato, quien me había llevado hasta allí y me había convertido en lo peor de mi mismo, sentencia que no acaba de ver nada que le guste…
Es que no hay un guru del marketing que vea claro eso de ponernos una guardería para tíos en las tiendas de mujeres!!!!. Eso si, ya que estamos por favor que nos pongan un grifo de cerveza.