Pase lo que pase…
Casi todos los días desde hace muchos, muchos años, tantos que mis recuerdos se pierden entre chapas con pegatinas de ciclistas, Espinete y partidos de fútbol con pelotas de plástico, hablo con una de esas personas fundamentales en tu vida.
Hace tiempo que los años hicieron evolucionar esta amistad a algo mucho más fuerte. Pasamos de las risas del colegio a los ligues del instituto, de los ratos a solas contándonos las penas a las fiestas locas por los pueblos mano a mano. De unos críos ingenuos a dos tíos que de vez en cuando tienen los pies en la tierra.
Hace algún tiempo que nos permitimos todos los viernes de final de mes una comida en un buen sitio con un buen vino. Ya nos hemos contado todo, mil veces, pero seguimos rememorando las mismas historias, las mismas anécdotas y las mismas batallas como si las acabáramos de vivir. Nuestras batallas.
Siempre acabamos a las tantas, con dos o tres pacharanes de más y con alguna neurona de menos. Con tres o cuatro miradas inapropiadas a alguna chica y alguna burrada en voz baja sin que nos oiga.
Hace tiempo que nos dimos cuenta de la suerte que tenemos. Hace días que no necesitamos hablarnos para entendernos. Hace mucho tiempo que no tendría el mismo sentido las cosas sin su particular visión de la vida.
Estoy contigo, lo sabes, pase lo que pase.

