Für Elise…
Nuestros padres, en ese afán altruista de hacer crecer a sus hijos en altura, formación y responsabilidad crearon terribles estrategias para hacernos pensar que era por nuestro bien. Entre ellas se incluía tener 3 meses de verano a sus hijos currando en la cadena de montaje de una aséptica empresa "poniendo chapa-apretando botón-poniendo chapa-apretando botón…" y ponernos hasta arriba de vitaminas de bote. Lo primero era efectivo al máximo para ver los libros de otra forma y lo segundo no tanto (la genética es la genética). Aprender a tocar el piano aunque su hijo tuviera el oído de un calamar, academias de Francés a las 21:00 de la noche y mecanografía los sábados por la mañana no pudieron de otra forma que crear verdaderos monstruos.
Lejos de notar los síntomas en ese momento, como un borde virus africano se fue gestando y mutando en la mente hasta que pasado muchos años se empezaron a notar las consecuencias. Y ahora ya es tarde para pedir cuentas…
Saber tocar con tres dedos (Für Elise, Para Elisa) en el piano no compensa en absoluto las manos de árbol jugando al futbolín que frustraron mi adolescencia. Sin duda el tiempo invertido en aprender la diferencia entre una corchea y una semi-corche hubiera sido mil veces más rentable en los recreativos del barrio. Sin entrar a valorar que las chicas más malas del mismo estaban en este último sitio y no diferenciando el compás 3/4 del 4/4.
Yo que estaba predestinado a ser el más malo de los malos del instituto, acabé siendo lo más parecido al pringadete del club de ajedrez de las pelis americanas. En su momento me valió para pasar de refilón y sin hacer ruido y encontrarme un día con una carrera pero eso si con un nulo y patético sentido del regate con un balón en los pies.
El día que Víctor Jr. le pregunte a papá que es eso de que no vale jugada en el futbolín, dónde se coloca el media punta en un campo de fútbol 7 o qué tienen las chicas malas para ser tan malas. Papá le contestará en Francés, en un tiempo 2/4 como FA sostenido que está apuntito de irse a "poner chapa y apretar botón".
Y a mis años los niños de los recreativos me miran raro cuando practico solo al futbolín y me meto goles en propia puerta, a las dos carreras corriendo la banda en la pista de fútbol 7 me dan mareos y a las chicas malas las veo como si fueran mis hijas y las mandaría a todas a casa a vestirse en condiciones…
Cambio título de Ingeniería y diversos Master por curso acelerado de las verdades de la adolescencia y sus anexos.


Víctor Jr. no te preguntará eso, porque jugará a juegos que aún no se han inventado con chismes que parecen de ciencia ficción; sólo te preguntará cosas de cuando las guerras púnicas, creyendo que igual estuviste.
Y date con un canto en los dientes de que santa Pili te llevara más recto que palo de escoba, porque los que saben jugar al futbolín suelen quedar con sus amigos en la cola del paro.
Comment by tu PrimOz — October 27, 2008 @ 2:34 pm